
Photo by Gabriela Cropper
Las dos maletas estaban allí, delante de la puerta. Me pedían que me levantara y las llevara al aeropuerto, que era tiempo de dejar todo atrás y empezar a vivir junto a Adriana. Les pedí paciencia y seguí con los ojos cerrados, arropado bajo el peso blando del edredón. Debía de ser muy pronto en la madrugada pero me sentía tan alerta como si fuese mediodía. Me pregunté si Adriana también estaría despierta, pero decidí no averiguarlo y dejarla descansar, porque nos esperaban días llenos de sorpresas e incertidumbres. No sentía ninguna preocupación al respecto y dejé que mis pensamientos fluyeran hacia lo ocurriría en esa Tierra de Nunca Jamás que pronto descubriríamos. Continue reading









