Escrito por Dulce
Veronika, como la Bella Durmiente, en un ataúd de cristal, con los ojos cerrados y la sonrisa enigmática, como si supiera algo que los demás no sabemos. Plácida. Quienes hemos acudido al velatorio la vemos pero ella no a nosotros. O quizá sea justamente lo contrario. Bajo sus párpados ella percibe todo lo que sucede a su alrededor y nosotros, nublados de lágrimas, no nos damos cuenta de nada.
De noche, cuando se vayan todos, alzará un brazo, después otro, y empujará la tapa de cristal que caerá a un lado. Luego se incorporará, plegará las rodillas y, sujetándose en los bordes, tomará impulso y se pondrá de pie. Echará un vistazo a su alrededor : las coronas de flores y las cintas violetas con mensajes de adiós en la sala en penumbras. No podrá contener la risa y murmurará algo en checo que sólo Katarína entenderá.
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