Vivir abajo

Photo by Jonathan Eden-Drummond

Ooms. Como el sonido que se hace mientras se juntan tres dedos de cada mano con los brazos abiertos cuando quiere uno imitar la postura de meditación para indicarle a alguien que debe mantener la calma, pero con “s” final, como si se tratara de meditaciones múltiples, o como si se necesitara una serenidad superlativa. Ooms, así se llamaba el hombrecito de pelo blanco y ralo que vivía en el piso de abajo.

Debía de tener al menos ochenta años, lo mismo que su mujer, menuda como él y, en mi recuerdo, vestida eternamente con una bata floreada.

Nosotros éramos muy jóvenes y acabábamos de empezar nuestra vida juntos en esa especie de departamento, tan frecuente en Bélgica pero al que yo todavía no me acostumbraba, en que la distribución de las piezas se hace según el capricho del propietario que alquila y que el inquilino -se supone- debe aceptar sin chistar. La ducha, una cabina de plástico, en la cocina. El toilette, en un rincón al lado de la ventana que daba al jardín de abajo, muy lejos del dormitorio al que se accedía saliendo del departamento y subiendo por la escalera al piso de arriba. El piso, de vinil amarillo, cortado un poco a la que te criaste. Continue reading

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Lettre au père qui n’est pas le mien

LETTRE AU PÈRE QUI N’EST PAS LE MIEN

Picture by Vendula Lyachová

La lettre que j’ai écrite à Paul brûle dans ma poche. J’ai l’impression que tout le monde peut la voir, comme si mon pantalon était transparent. Être transparente, c’est justement ça, mon problème. Depuis toutes ces années que Paul est mon chef, j’ai l’impression qu’il ne me voit pas. En tout cas, pas telle que je voudrais être pour lui. Je sais, il a sa famille, ses deux fils, c’est difficile de m’immiscer dans son monde. Moi qui ne suis que son assistante.
Et pourtant, j’essaie de tout faire pour qu’il se sente au bureau comme chez lui. Dès que j’aperçois sa voiture se garer sur le parking, je cours préparer son café. Continue reading

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Olmo

Se llamaba Olmo, como el árbol, pero tenía el pelo rojo, como la tierra con la que horneaban los ladrillos. La madre había insistido en ese nombre con el último suspiro, quizá como una confesión encubierta de que no eran –ni él ni su mellizo- hijos del padre, sino de un hombre de mirada airada y pelo color de fuego que había pasado por el pueblo poco tiempo antes y con quien la habían visto más de una vez –decían las malas lenguas- cerca del lago, bajo los olmos.

Photo by Jonathan Eden-Drummond

Aunque quién sabe… Su hermano, que nació primero y a quien pusieron Pietro, como el marido de la madre, era moreno, como casi toda la rama paterna.

Olmo había venido rezagado, se había asomado a la vida muchas horas más tarde, cuando ya no se esperaba que del vientre exhausto fuera expulsada más que la placenta. La madre alcanzó a besar la cabecita húmeda y despeinada, y expiró sonriente, con el niño en brazos. Continue reading

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Ultime semaine

Aujourd’hui c’est lundi, et c’est le début d’une belle semaine d’été qui s’annonce.
À mon agenda, juste une petite formalité pour récupérer le résultat de mes analyses médicales à l’hôpital. Un contrôle de routine.

Dans la salle d’attente de l’hôpital, un médecin vient me prendre par le bras et me demande de le suivre dans son bureau.
Je le vois feuilleter longuement les pages de mon dossier. Il prend un air grave et entame de longues phrases avec moultes précautions oratoires. Il m’explique ainsi comment le corps humain est une machinerie incroyablement complexe et que la science est parfois encore impuissante à en comprendre tous les mécanismes. Et il ne cesse de louer le courage et la dignité dont je fais preuve durant cette rude épreuve.

J’ai vraiment du mal à comprendre où il veut en venir et je l’exhorte à en venir au fait. Continue reading

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No sabía que los padres se morían

Alfonsina Morini nació en 1891 en la pequeña ciudad Castelfranco Emilia, situada entre Módena y Bolonia. De familia humilde recibió a los 10 años un regalo de su padre que le cambiaría la vida: una bicicleta. A partir de entonces hizo todo lo que estaba en su mano para hacerse un hueco en un mundo tradicionalmente dominado por hombres, llegando incluso a establecer el récord de la hora femenino en 1911.

Bruselas, 2 de marzo del 1919

Santa María madre de Dios, ruega por nosotros pecadores
ahora y en nuestra hora de nuestra muerte
Amén

Mi querida amiga,

Te escribo estas líneas desde la distancia pero no sintiéndome distante de ti. Te pienso y me acuerdo mucho de ti. Creo que no es necesario que te lo recuerde, ¿verdad?
Aquí en Bruselas parece que ha empezado el siglo XX corre, avanza y acelera. Se habla de que en nuestros países vecinos, Luxemburgo y los Países Bajos las mujeres ya pueden votar. Todas tenemos muchas expectativas con el tour de Flandes este 23 marzo. Lamentablemente no dejarán participar a mujeres. Continue reading

Posted in Raquel, Saying goodbye without leaving | Leave a comment