Olmo

Se llamaba Olmo, como el árbol, pero tenía el pelo rojo, como la tierra con la que horneaban los ladrillos. La madre había insistido en ese nombre con el último suspiro, quizá como una confesión encubierta de que no eran –ni él ni su mellizo- hijos del padre, sino de un hombre de mirada airada y pelo color de fuego que había pasado por el pueblo poco tiempo antes y con quien la habían visto más de una vez –decían las malas lenguas- cerca del lago, bajo los olmos.

Photo by Jonathan Eden-Drummond

Aunque quién sabe… Su hermano, que nació primero y a quien pusieron Pietro, como el marido de la madre, era moreno, como casi toda la rama paterna.

Olmo había venido rezagado, se había asomado a la vida muchas horas más tarde, cuando ya no se esperaba que del vientre exhausto fuera expulsada más que la placenta. La madre alcanzó a besar la cabecita húmeda y despeinada, y expiró sonriente, con el niño en brazos. Continue reading

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Ultime semaine

Aujourd’hui c’est lundi, et c’est le début d’une belle semaine d’été qui s’annonce.
À mon agenda, juste une petite formalité pour récupérer le résultat de mes analyses médicales à l’hôpital. Un contrôle de routine.

Dans la salle d’attente de l’hôpital, un médecin vient me prendre par le bras et me demande de le suivre dans son bureau.
Je le vois feuilleter longuement les pages de mon dossier. Il prend un air grave et entame de longues phrases avec moultes précautions oratoires. Il m’explique ainsi comment le corps humain est une machinerie incroyablement complexe et que la science est parfois encore impuissante à en comprendre tous les mécanismes. Et il ne cesse de louer le courage et la dignité dont je fais preuve durant cette rude épreuve.

J’ai vraiment du mal à comprendre où il veut en venir et je l’exhorte à en venir au fait. Continue reading

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No sabía que los padres se morían

Alfonsina Morini nació en 1891 en la pequeña ciudad Castelfranco Emilia, situada entre Módena y Bolonia. De familia humilde recibió a los 10 años un regalo de su padre que le cambiaría la vida: una bicicleta. A partir de entonces hizo todo lo que estaba en su mano para hacerse un hueco en un mundo tradicionalmente dominado por hombres, llegando incluso a establecer el récord de la hora femenino en 1911.

Bruselas, 2 de marzo del 1919

Santa María madre de Dios, ruega por nosotros pecadores
ahora y en nuestra hora de nuestra muerte
Amén

Mi querida amiga,

Te escribo estas líneas desde la distancia pero no sintiéndome distante de ti. Te pienso y me acuerdo mucho de ti. Creo que no es necesario que te lo recuerde, ¿verdad?
Aquí en Bruselas parece que ha empezado el siglo XX corre, avanza y acelera. Se habla de que en nuestros países vecinos, Luxemburgo y los Países Bajos las mujeres ya pueden votar. Todas tenemos muchas expectativas con el tour de Flandes este 23 marzo. Lamentablemente no dejarán participar a mujeres. Continue reading

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Tell me sooner rather than later

Coffee cups

Illustration by Enrique Cropper

“Understanding a colleague’s motivations is key to working effectively together,” I was explaining, as the aroma of our morning coffee wafted over our conversation about career development in the European Regulatory Authority.

My colleagues both gave me blank looks. I spouted on. “So I try, as gently as I can, to let any new intern in our unit know that it’s best, if they want to be the Director General by the age of 40, to tell me sooner rather than later, because then we all know where we stand, and we can all get on with our work.”

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What I did not tell them was how I had come to learn the value of asking, up front, such a personal question. Her name was Karolína and she came to work with us, fresh from Prague and her Masters degree in political science, in the spring of 2004. Continue reading

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El beso suspendido

20161122_101712El beso se quedó suspendido, en medio de un apretón de manos y un abrazo y tras aquel estentóreo “Cristina” que la había hecho volv erse en la acera.
–¡Dios mío, qué alegría! ¿Cuánto tiempo hace? ¿Veinte años? El tiempo pasa tan rápido que uno no se da cuenta.

El hombre le sonreía abiertamente y ella le correspondía aunque sentía un calor incómodo que le descendía desde las orejas hasta las mejillas.
–Soy Julián, querida Cristina, aunque ahora me esconda tras estas canas –continuó él mientras se pasaba la mano por el pelo.
–Sí, claro que sé quién eres, perdona. Es la sorpresa… Continue reading

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