Hotel 10

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Acabo de contar  los días que llevo en el hotel. Ahora los anoto  en el calendario que me compré en Inno el otro día. Son ya diez pero parece que llevo mucho más tiempo en esta habitación de la que conozco todos sus recovecos. Tengo la impresión absurda de que los días se han hecho dobles o triples en su número de horas. Tal vez el  hecho de que  no escribo tiene algo que ver con la aparente lentitud de los minutos. El tiempo pasaba sin sentir mientras llenaba páginas. Por el contrario, leer lo  que he escrito ha sido un proceso mucho más lento y tan desasosegante que me ha obligado a dejar la habitación cuando no deseaba hacerlo. Me he visto forzado a intercambiar mis paseos sobre la moqueta por recorridos arriba y debajo de la Rue Neuve. Si hace demasiado frío entro en Inno o en Citi 2, donde nadie me presta atención si miro al suelo. He pasado mucho tiempo deambulando en esos lugares sin otro propósito que retrasar la vuelta a la habitación del hotel para no enfrentarme al cuaderno abierto sobre la mesa. Es sorprendente cuanta atención se puede otorgar a cosas irrelevantes cuando uno no quiere volver a la realidad que le espera. Conozco perfectamente  las tiendas, las ofertas, la distribución de la mercancía por departamentos, el rostro cansado de las dependientas al final del día. A veces voy a McDonald’s a comer una hamburguesa si tengo hambre o a beber su horrible café. Tal vez tenga que cambiar de establecimientos porque he comenzado a reconocer algunas caras y seguramente esas caras también reconocen la mía. Esa fue una de las primeras lecciones que Truman me enseñó cuando empecé a ayudarle en algunos casos.

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Bad Moon Rising

Pierre’s feet hurt terribly. They had been walking for over 12 hours now.

  • Quick and quiet” his mother whispered regularly. “Hold my hand and don’t let it go no matter what. I don’t want you to leave my side.

Her voice sounded harsh as she kept on accelerating her pace and tightening her grip around his hand. He was already 11 years old but he still felt very much like a child inside and his mother’s authoritative ways scared him a little.

They had left the whereabouts of Arlon early in the morning. His father had passed away a few days ago and his mother had decided that it was no longer safe for them to stay in the house. There was no more government. Belgium’s administration had collapsed just like the ones of all the other EU countries and mayhem had settled across the land.

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