The Devil in Disguise

Alex was my high school sweetheart. We met in kindergarten but it was only on my 16th birthday that he kissed me for the first time. That first magic moment gave birth to four years of a passionate and beautiful love. He was my king and I was his queen. We were an inspiration to all. Until that tragic afternoon… I knew that graduation could be a turning point for teenage couples but I blindly thought that our love would be stronger. I believed that we could overcome anything. We were going separate ways yes, but we still lived in the same town. Brussels was and always had been OUR town. We might not be sharing the same classrooms anymore but we could still be together in these streets we had wandered so often together.

Or so I thought…

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Quince minutos

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La puerta se abrió diligentemente cuando pasó la tarjeta por la ranura y empujó el carro de limpieza dentro de la habitación.  Tras una mirada rápida confirmó, como era habitual, que no había demasiado desorden. Este huésped no dejaba su ropa tirada, apretaba los embalajes de sus comidas prefabricadas en la papelera y dejaba el edredón doblado a los pies de la cama. Se puso al trabajo inmediatamente tras mirar el reloj para cronometrar los quince minutos que necesitaba. Había elaborado una técnica muy eficiente que empezaba por hacer la cama y frotar un trapo húmedo por todas las superficies. A continuación pasaba la aspiradora, limpiaba el cuarto de baño, reponía el frasco jabón líquido y finalmente colgaba las toallas limpias.

Estaba sudando cuando terminó y su reloj le decía que aún le quedaban cuatro minutos para cumplir con su tiempo, justo lo que quería. Se acercó al escritorio tras quitarse los guantes de goma y abrió lentamente uno de los cajones. Siempre tenía dudas y se preguntaba si el cuaderno de tapas negras estaría allí o si el huésped se lo había llevado al salir. Eso hubiera sido lo normal, porque ese hombre escribía en esas páginas lo que jamás había contado a nadie. Obviamente no querría que ojos extraños recorrieran sus confesiones, pero el cuaderno siempre estaba ahí, en ese cajón. Ella lo descubrió por casualidad, cuando limpió la habitación por primera vez. El cajón estaba entreabierto y quiso saber qué había dentro. Los huéspedes suelen guardar cosas aburridas, como ropa interior, calcetines o paquetes de preservativos, pero no un cuaderno de tapas negras. Evidentemente aquel huésped era diferente de todos los demás. No solo había pagado por adelantado y en efectivo un mes de estancia sin apenas tener equipaje, sino que también pasaba mucho tiempo en la habitación. Los rumores sobre él se extendieron rápidamente entre el personal del hotel.

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