
Nevaba el día de diciembre que comencé a trabajar en la firma. Los copos eran grandes y mojaban mi plumífero nuevo pero yo me sentía abrigado y cómodo bajo él. Rodrigo me esperaba a la puerta del edificio de “Rue de la Science”. Tenía un vaso de papel en la mano y el vapor de su aliento se mezclaba con el que salía del café caliente.






