
Me caí en la cocina mientras preparaba la comida y Douglas me trajo al hospital. Algo se rompió en mi cerebro y mi cuerpo está inerte. Será triste estar prisionera en una cama pero sé que Douglas me cuidará, porque es mi marido. La puerta de la habitación se abre y un enfermero entra, empujando a alguien en una silla de ruedas. Me sorprende que el cuerpo sentado tenga mi rostro. Lleva un vestido rojo y el pelo recogido en un moño, como le gusta a Douglas. El enfermero saca un destornillador del bolsillo y se me acerca. Tengo miedo cuando la habitación pierde sus aristas y se colapsa en la oscuridad. La voz de Douglas es un eco lejano que apenas rompe el silencio.
– Espero que la nueva sea de duración indeterminada como prometieron – dice.










