
Photo by Raquel
HUGO
Cuyo nombre no recuerdo…
Miro a un compañero de trabajo, a quien sólo hacía dos semanas que no había visto, y ahora al encontrarme frente a él, cara a cara, no puedo acordarme de su nombre. Mirar y no recordar. Ver y no recordar un nombre, su nombre. Concentrarme y arrugar el ceño de mi frente, y su nombre sigue sin venirme a la mente.
Empecé a buscar nombres masculinos que encajaran con su cara, con su mirada, con sus ojos tristes y cansados. ¿Por qué tristes? Nunca antes, cuando me acordaba de su nombre, me lo había preguntado. Ahora en cambio me lo pregunto.
Él es otra persona porque se me ha desvanecido su nombre, o quizás soy yo la que ha cambiado, y no soy yo misma. Veía sus expresiones faciales, sus labios arrugarse al hablar, un movimiento raro con la nariz al reir. ¿Será otra persona? Quizás lo era. Continue reading
y and comfortable activities for the well-established ageing bourgeoisie.





