El beso se quedó suspendido, en medio de un apretón de manos y un abrazo y tras aquel estentóreo “Cristina” que la había hecho volv erse en la acera.
–¡Dios mío, qué alegría! ¿Cuánto tiempo hace? ¿Veinte años? El tiempo pasa tan rápido que uno no se da cuenta.
El hombre le sonreía abiertamente y ella le correspondía aunque sentía un calor incómodo que le descendía desde las orejas hasta las mejillas.
–Soy Julián, querida Cristina, aunque ahora me esconda tras estas canas –continuó él mientras se pasaba la mano por el pelo.
–Sí, claro que sé quién eres, perdona. Es la sorpresa… Continue reading



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