Bulevar del Censo (2)

 

Dog (3)

El tren a Waterloo salía en pocos minutos según la información desplegada en las pantallas de la estación de Bruxelles-Midi. Apenas tuve tiempo para comprarme un bocadillo y corrí hasta el andén número 21. El vagón al que me subí estaba bastante vacío, por lo que pude sentarme sin compañía para mirar tranquilamente por la ventanilla. Bruselas desaparecía al cabo de unos quince minutos tras las paradas de Etterbeck, Bondael y St-Job, para dar paso un paisaje de casas dispersas con jardines de formas irregulares en Linkebeek, y Rhode St-Genese. Después los campos de cultivo se extendían en una tierra revuelta de color ocre hasta llegar a Waterloo. El ritmo del tren me hizo revivir mis trayectos a la oficina, trabajando apuradamente para leer los informes  y  correos electrónicos que había recibido durante la noche. A veces me sobresaltaban desagradablemente las carcajadas de esos clanes de viajeros que se encuentran a diario para guardarse los asientos y charlar de naderías. Yo no tenía tiempo para eso y viajar en primera clase tampoco animaba ese tipo de relaciones. Ninguno de mis compañeros de vagón tenía nada que aportarme y siempre supuse que la inversa también era verdadera. El contraste con la tranquilidad de observar el paisaje cambiante al otro lado de la ventanilla redujo mi comportamiento del pasado a la trivialidad más absoluta. Todo me parecía ahora tan vacío como el vagón en el que me encontraba. Ni  siquiera el revisor vino a examinar mi billete. Continue reading

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The Devil in Disguise

Alex was my high school sweetheart. We met in kindergarten but it was only on my 16th birthday that he kissed me for the first time. That first magic moment gave birth to four years of a passionate and beautiful love. He was my king and I was his queen. We were an inspiration to all. Until that tragic afternoon… I knew that graduation could be a turning point for teenage couples but I blindly thought that our love would be stronger. I believed that we could overcome anything. We were going separate ways yes, but we still lived in the same town. Brussels was and always had been OUR town. We might not be sharing the same classrooms anymore but we could still be together in these streets we had wandered so often together.

Or so I thought…

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Quince minutos

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La puerta se abrió diligentemente cuando pasó la tarjeta por la ranura y empujó el carro de limpieza dentro de la habitación.  Tras una mirada rápida confirmó, como era habitual, que no había demasiado desorden. Este huésped no dejaba su ropa tirada, apretaba los embalajes de sus comidas prefabricadas en la papelera y dejaba el edredón doblado a los pies de la cama. Se puso al trabajo inmediatamente tras mirar el reloj para cronometrar los quince minutos que necesitaba. Había elaborado una técnica muy eficiente que empezaba por hacer la cama y frotar un trapo húmedo por todas las superficies. A continuación pasaba la aspiradora, limpiaba el cuarto de baño, reponía el frasco jabón líquido y finalmente colgaba las toallas limpias.

Estaba sudando cuando terminó y su reloj le decía que aún le quedaban cuatro minutos para cumplir con su tiempo, justo lo que quería. Se acercó al escritorio tras quitarse los guantes de goma y abrió lentamente uno de los cajones. Siempre tenía dudas y se preguntaba si el cuaderno de tapas negras estaría allí o si el huésped se lo había llevado al salir. Eso hubiera sido lo normal, porque ese hombre escribía en esas páginas lo que jamás había contado a nadie. Obviamente no querría que ojos extraños recorrieran sus confesiones, pero el cuaderno siempre estaba ahí, en ese cajón. Ella lo descubrió por casualidad, cuando limpió la habitación por primera vez. El cajón estaba entreabierto y quiso saber qué había dentro. Los huéspedes suelen guardar cosas aburridas, como ropa interior, calcetines o paquetes de preservativos, pero no un cuaderno de tapas negras. Evidentemente aquel huésped era diferente de todos los demás. No solo había pagado por adelantado y en efectivo un mes de estancia sin apenas tener equipaje, sino que también pasaba mucho tiempo en la habitación. Los rumores sobre él se extendieron rápidamente entre el personal del hotel.

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La rue Mafalda

« Non, mais c’est très simple, tu ne peux pas te tromper. Tu vois la Grand-Place ? Eh bien, tu prends simplement la rue qui part de la Grand-Place, puis c’est la deuxième à droite ; là tu as une petite place et c’est juste à gauche. Nous serons tous là-bas. »

La description semblait très claire, pas moyen de se tromper. Et puis, pour Luka, les jeux de piste, ça lui rappelait de bons souvenirs d’enfance.

Ce soir-là, tout commence comme sur des roulettes, il est parfaitement à l’heure et même un peu en avance. Ce dîner au restaurant sera surtout l’occasion de faire bonne impression auprès de ses nouveaux collègues. Et oui, c’est toujours un peu délicat d’être le nouvel engagé au sein d’un groupe, on se sent toujours potentiellement jugé, voire mis à l’épreuve. Pas question de faillir, c’est la réputation de toute la Croatie qui est en jeu ce soir. Continue reading

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15. Finally, lost in Brussels

Lost in Brussels_hand

Artwork by Enrique Cropper

“I’m heading out of an office block.
I say Bonne soirée to the guard at the reception desk.
I come out on to a city street.
There are high, glass-fronted buildings around me.
It’s dark.
It’s chilly.
My nose tingles, there’s a hazy smoke in the air.
There are three or four rows of vehicles on the street in front of me.
I decide not to catch the metro, unusual for me to break with my habit.
I tell myself, maybe it’s better to stretch your legs.
It’s been a long day in front of the computer.
I turn in the direction the traffic is heading.
The buildings are tall, on both sides of the street, like walls of a tunnel.
I see a signpost above.
Centre ville.
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