
Art work by Enrique Cropper
La llave giró, liberando el mecanismo de la cerradura con el sonido habitual. Empujé la puerta con la mano y tecleé el código de desconexión de la alarma desde el dintel. Un aroma familiar me llegó a la nariz, un poco rancio por la falta de ventilación. La luz que se dispersaba a través de las cortinas cerradas me permitía ver el pasillo sin necesidad de entrar. Nada parecía fuera de su lugar. La consola a la izquierda del recibidor y el perchero enfrente, estaban donde siempre habían estado. Todas las puertas estaban abiertas pero no recordaba si las había dejado así. Sin embargo, cuando miré al suelo, comprendí que Madame Dubois no se había equivocado sobre los ruidos nocturnos del miércoles pasado. El bol metálico de Buddy estaba colocado al lado de la consola y no junto al perchero, su lugar habitual. Había estado allí desde que se marchó junto a Carlota y nunca me había decidido a tirarlo, aunque ya no sirviera para nada. Continue reading








