Bulevar del Censo (1)

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Art work by Enrique Cropper

Volví al hotel sobre las nueve. Las puertas de las habitaciones estaban cerradas y el silencio en el pasillo era completo. No había rastro del carrito de la limpieza, pero mi cama estaba hecha y el cuarto de baño olía a limón cuando entré en la habitación. Pude haber explorado lo que pasaba en los otros pisos del hotel, buscar donde continuaba la eficiente obliteración del paso de los huéspedes, pero decidí no hacerlo. Tenía la certeza de que Adriana y yo nos encontraríamos pronto y preferí dejar que fueran las circunstancias las que nos acercaran. Ella había estado allí, en mi habitación, y no intentaba ocultarlo. El cuaderno que había guardado en un cajón, como hacía cada vez que me marchaba, estaba abierto sobre el escritorio. Lo cerré sin mirar la página. No quería saber lo que había leído, no me importaba que Adriana conociera mis miserables secretos. No sé por qué me imaginé que ella me comprendería, que no me juzgaría como hacía Carlota con su desagradable superioridad moral.
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9. A young man’s story

Young man

Art work by Enrique Cropper

With the children safely put to bed, the adults could settle down to restoring the story circle. So they turned their attention their newest member, Grhm, whose needs had been so rawly evident at mealtime an hour before.

Grhm had made a surprise arrival at the fraternum’s door seven weeks earlier. Ssn, who had already spent long hours with Grhm, had been sat conversing with him, awaiting Slv’s return from putting the children to bed. Now, with her characteristically mature sensitivity, her hand placed comfortingly on Grhm’s, Ssn turned to the group,

“Grhm” she said, in a heartfelt, reassuring tone. You have indicated to me your readiness to share with the fraternum your experiences in the lead up to your decision to come here. I thank you for giving me the honour of learning about your life prior to joining us.”

Grhm grasped her hand tightly and then, as Ssn continued, slowly relaxed his grip.

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Hotel 10

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Acabo de contar  los días que llevo en el hotel. Ahora los anoto  en el calendario que me compré en Inno el otro día. Son ya diez pero parece que llevo mucho más tiempo en esta habitación de la que conozco todos sus recovecos. Tengo la impresión absurda de que los días se han hecho dobles o triples en su número de horas. Tal vez el  hecho de que  no escribo tiene algo que ver con la aparente lentitud de los minutos. El tiempo pasaba sin sentir mientras llenaba páginas. Por el contrario, leer lo  que he escrito ha sido un proceso mucho más lento y tan desasosegante que me ha obligado a dejar la habitación cuando no deseaba hacerlo. Me he visto forzado a intercambiar mis paseos sobre la moqueta por recorridos arriba y debajo de la Rue Neuve. Si hace demasiado frío entro en Inno o en Citi 2, donde nadie me presta atención si miro al suelo. He pasado mucho tiempo deambulando en esos lugares sin otro propósito que retrasar la vuelta a la habitación del hotel para no enfrentarme al cuaderno abierto sobre la mesa. Es sorprendente cuanta atención se puede otorgar a cosas irrelevantes cuando uno no quiere volver a la realidad que le espera. Conozco perfectamente  las tiendas, las ofertas, la distribución de la mercancía por departamentos, el rostro cansado de las dependientas al final del día. A veces voy a McDonald’s a comer una hamburguesa si tengo hambre o a beber su horrible café. Tal vez tenga que cambiar de establecimientos porque he comenzado a reconocer algunas caras y seguramente esas caras también reconocen la mía. Esa fue una de las primeras lecciones que Truman me enseñó cuando empecé a ayudarle en algunos casos.

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Bad Moon Rising

Pierre’s feet hurt terribly. They had been walking for over 12 hours now.

  • Quick and quiet” his mother whispered regularly. “Hold my hand and don’t let it go no matter what. I don’t want you to leave my side.

Her voice sounded harsh as she kept on accelerating her pace and tightening her grip around his hand. He was already 11 years old but he still felt very much like a child inside and his mother’s authoritative ways scared him a little.

They had left the whereabouts of Arlon early in the morning. His father had passed away a few days ago and his mother had decided that it was no longer safe for them to stay in the house. There was no more government. Belgium’s administration had collapsed just like the ones of all the other EU countries and mayhem had settled across the land.

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Sobre el bosque de Soignes

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“Moon” Image by Enrique Cropper

La noche espera atenta,

no sabe cuándo llegará,

qué camino recorrerá,

dónde dejará la marea.

La Viajera  taciturna y blanca,

prisionera de su órbita,

dueña de una cúpula etérea.

 

Las nubes  envuelven los rayos,

buscan apagarlos sin mesura.

Esfuerzo vano de vapores opacos,

perdidos entre haces de libertad,

que iluminan la negrura.

 

Hay quien teme,

quiere huir de la luz plateada,

esconderse de la claridad.

Pero no puede.

 

El aire se nutre de vuelos de algodón,

de alas oscuras,

con plumas alrededor.

Pasos mínimos bajo las ramas,

escapada inútil del perdedor.

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