No sabía que los padres se morían

Alfonsina Morini nació en 1891 en la pequeña ciudad Castelfranco Emilia, situada entre Módena y Bolonia. De familia humilde recibió a los 10 años un regalo de su padre que le cambiaría la vida: una bicicleta. A partir de entonces hizo todo lo que estaba en su mano para hacerse un hueco en un mundo tradicionalmente dominado por hombres, llegando incluso a establecer el récord de la hora femenino en 1911.

Bruselas, 2 de marzo del 1919

Santa María madre de Dios, ruega por nosotros pecadores
ahora y en nuestra hora de nuestra muerte
Amén

Mi querida amiga,

Te escribo estas líneas desde la distancia pero no sintiéndome distante de ti. Te pienso y me acuerdo mucho de ti. Creo que no es necesario que te lo recuerde, ¿verdad?
Aquí en Bruselas parece que ha empezado el siglo XX corre, avanza y acelera. Se habla de que en nuestros países vecinos, Luxemburgo y los Países Bajos las mujeres ya pueden votar. Todas tenemos muchas expectativas con el tour de Flandes este 23 marzo. Lamentablemente no dejarán participar a mujeres. No es ninguna sorpresa, ni ninguna noticia desestabilizadora. Ya sabes que me atrae mucho el ciclismo, y que aprendí rápidamente a montar en bicicleta cuando era muy muy pequeña.
Y tú, ¿sigues montando? ¿Qué tal por tu tierra? Algo sé sobre el escándalo habido por ahí, a causa de que las mujeres que trabajan en las cigarreras andaluzas, como las sevillanas….

A veces pienso, sueño y realmente creo que un día las mujeres llegaremos a tener el mismo reconocimiento, respeto y oportunidades que los hombres. Pero eso claro, quizás sea dentro de….100 años?!…. Espero que no, espero que no sean tantos años. Espero estar viva para cuando llegue ese momento de igualdad y justicia entre géneros.

Y estarás pensando mientras lees esta carta que me desvío del tema, o que lo evito, que la razón por la que te escribo no es para que hablarte de actualidad presente ni de un luchado futuro esperado y soñado, sino para darte mi mas sentido pésame querida mía.

He tardado en escribirte porque la noticia me pilló muy de improviso y no supe hacerme a la idea. De todo corazón, lo siento mucho. Lo siento en el alma. Yo a tu padre lo conocía poco, ya sabes. Había intercambiado muy pocas palabras con él. Sin embargo, al enterarme sentía una pena muy profunda y no podía para de llorar. Yo no sabía que los padres se morían. Qué dolor tan profundo debes estar atravesando en su trágico periodo de tu vida, amiga.
Escríbime cuando recibas esta misiva, y dime si te ha gustado el obsequio que te envío con ella.
Con la esperanza de poderte ver pronto,
Siempre tuya,

Hélène.

Helene dejó ensimismada la pluma tras escribir las últimas líneas
De Mary recordó el aterciopelado tono de su voz, un tono de voz jovial, dulce, lleno de ilusión, con ganas de vivir y cierta ingenuidad. Le encantaba oirla y hablar con ella. Le recordaba a ella misma. Se identificaba con ella. Quizás por eso comprendió, entendió, vio, supo que un día su padre también se moriría
Ella no sabía que los padres se morían. Lo nego varias veces con la cabeza. Se negaba a aceptarlo. Movía la cabeza de un hombro a otra mientras lloraba.Ni se lo creia, ni creia en la muerte. Se concienciaba ahora, tomaba conciencia ahora que no era consciente de la existencia concreta de morir, de la muerte, del irte, de la no vida. Y buscaba adjetivos y palabras e imagenes reales y sensaciones del momento para decirse a si misma que si, que un dia la gente que mas quiero se morira antes que yo. Prefería morirse ella antes que ellos. Si tenia un hijo o hija, tendría que enseñarle y prepararle muy bien para cuando ella se muriera, porque ya no era tan joven.

Alguien una vez le dijo que la vida hay que vivirla con ligereza, y para eso hay que hacer un pacto con la muerte.
No entendía de pactos, pero sí de pasiones, de pasión por vivir. Aquél día tras escribir la carta a su amiga de la infancia, salió a la calle, cogió su bicicleta, y empezó a pedalear rápidamente, tan rápida y decididamente como podía. Quería estar en el tour de Flandes aquél 23 de marzo de 1919, quería ser como Alfonsina Strada, la primera y única mujer que compitío con y contra los hombres.

Raquel

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