Kim and Cactuses

 

KIM AND CACTUSES

August, 2090

Kim came out of the house the moment the great orange disc of the sun disappeared beyond the horizon. The neighbourhood of Ixelles was silent; the whole town of Brussels grew silent in the past decades, during which she turned from a young girl to a young woman. Now, she walked out with a sharp knife and a big 5 litter glass jar. Continue reading

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Je vous connais mieux que vous ne me connaissez

Vers la fin de la matinée, le téléphone d’Alice s’est mis à sonner. Elle était en pleine réunion de travail à l’hôpital où elle travaillait comme psychologue. Voyant que c’était son mari, elle a répondu sans hésiter une seconde.
‒ Je suis aux urgences. On va m’opérer.
Simon paraissait étonnamment calme vu le drame qui lui arrivait.
‒ J’arrive tout de suite ! s’est exclamée Alice, effrayée. Dans sa panique, elle est sortie de la salle de réunion sans un mot d’explication et s’est précipitée aux urgences. Continue reading

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Vivir abajo

Photo by Jonathan Eden-Drummond

Ooms. Como el sonido que se hace mientras se juntan tres dedos de cada mano con los brazos abiertos cuando quiere uno imitar la postura de meditación para indicarle a alguien que debe mantener la calma, pero con “s” final, como si se tratara de meditaciones múltiples, o como si se necesitara una serenidad superlativa. Ooms, así se llamaba el hombrecito de pelo blanco y ralo que vivía en el piso de abajo.

Debía de tener al menos ochenta años, lo mismo que su mujer, menuda como él y, en mi recuerdo, vestida eternamente con una bata floreada.

Nosotros éramos muy jóvenes y acabábamos de empezar nuestra vida juntos en esa especie de departamento, tan frecuente en Bélgica pero al que yo todavía no me acostumbraba, en que la distribución de las piezas se hace según el capricho del propietario que alquila y que el inquilino -se supone- debe aceptar sin chistar. La ducha, una cabina de plástico, en la cocina. El toilette, en un rincón al lado de la ventana que daba al jardín de abajo, muy lejos del dormitorio al que se accedía saliendo del departamento y subiendo por la escalera al piso de arriba. El piso, de vinil amarillo, cortado un poco a la que te criaste. Continue reading

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Lettre au père qui n’est pas le mien

LETTRE AU PÈRE QUI N’EST PAS LE MIEN

Picture by Vendula Lyachová

La lettre que j’ai écrite à Paul brûle dans ma poche. J’ai l’impression que tout le monde peut la voir, comme si mon pantalon était transparent. Être transparente, c’est justement ça, mon problème. Depuis toutes ces années que Paul est mon chef, j’ai l’impression qu’il ne me voit pas. En tout cas, pas telle que je voudrais être pour lui. Je sais, il a sa famille, ses deux fils, c’est difficile de m’immiscer dans son monde. Moi qui ne suis que son assistante.
Et pourtant, j’essaie de tout faire pour qu’il se sente au bureau comme chez lui. Dès que j’aperçois sa voiture se garer sur le parking, je cours préparer son café. Continue reading

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Olmo

Se llamaba Olmo, como el árbol, pero tenía el pelo rojo, como la tierra con la que horneaban los ladrillos. La madre había insistido en ese nombre con el último suspiro, quizá como una confesión encubierta de que no eran –ni él ni su mellizo- hijos del padre, sino de un hombre de mirada airada y pelo color de fuego que había pasado por el pueblo poco tiempo antes y con quien la habían visto más de una vez –decían las malas lenguas- cerca del lago, bajo los olmos.

Photo by Jonathan Eden-Drummond

Aunque quién sabe… Su hermano, que nació primero y a quien pusieron Pietro, como el marido de la madre, era moreno, como casi toda la rama paterna.

Olmo había venido rezagado, se había asomado a la vida muchas horas más tarde, cuando ya no se esperaba que del vientre exhausto fuera expulsada más que la placenta. La madre alcanzó a besar la cabecita húmeda y despeinada, y expiró sonriente, con el niño en brazos. Continue reading

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